Protección.

  En un día soleado, en el campo abierto, vivía una madre con su madre y sus dos hijos pequeños, mientras paseaban alejándose de su casa por la ancha calle de tierra que separa grandes terrenos de siembra, ven movimiento entre el trigo al doblar en la esquina, la madre se acerca para ver que eran, y observa unos cerdos, se da vuelta y les dice: 
—Son solo unos cerdos paseando. 
  Cuando vuelve a mirar, éstos estaban creciendo rápidamente, brotan de sus lados brazos y la piel rosada se desgarra como si fuera tela, ella abre sus ojos grandes, levanta las cejas, se inclina hacia atrás, extiende sus brazos y vocifera: 
—¡Corran a la casa!.
   A medida que crecían comienzan a ganar agilidad y velocidad hasta que dejaron ver su forma humanoide; se encontraban a una calle de la casa, pero al detenerse el tiempo, era relativa la distancia, a pesar de la vejez y la juventud, no les alcanzaron y lograron meterse en la casa la abuela y los hijos, la madre se dio vuelta y los vio venir con partes de cerdos todavía colgándoles, se metió en la casa contigua que tenían y se apoyó en la puerta para que no entrasen, estos golpeaban y golpeaban, y ella resistía y resistía.

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