Más las lluvias que los soles.
Cansada de tanto arder, comenzó a llover. Parecía que la vela estaba terminándose, cuando vió para su sorpresa que la mesa tenia un agujero, y ésta continuaba incluso más allá del suelo.
Creyéndose sabia e ignorante, se quedó sin palabras, obnubilada, sintió el peso de la existencia, pero incluso estaba agotada de sentir otra vez que ésta era cada vez más de la que podía tomar.
Perdida entre deseos y desapegos, suspendida en el vacío entre un punto y otro, comenzó a ver nuevamente nuevas capas, se trataba de lo mismo que antes, pero mostrando sutilezas jamás vistas, comprendió aquella frase lejana acerca de ver con nuevos ojos en lugar de buscar nuevos paisajes.
Pero estos nuevos ojos ardían, podía sentir como le quemaban la carne intangible, anhelaba que fuera un corte en su piel, o algo que supiera curar con alguna técnica simple, pero se encontraba en terreno desconocido, ella misma.
Cada paso dolía más que el anterior, y eran más las lluvias que los soles, como aquella distancia que uno debe recorrer para alcanzar la siguiente estrella cercana.
Y aunque lo intentara, hojas foráneas crecían rápidamente, mientras que después de tanto arder, solo veía dentro de sí dos cotiledones.
Pensó en acabar todo allí, en jugar cartas que no estaban en el juego con tal de romper su estructura impuesta, lloraba deseando hacerlo, pero de soslayo sentía más dolor ajeno.
Presa de la felicidad y la angustia, se arrojó al vacío en busca de un cartel de salida, pero veía espejos incluso en aquella oscuridad.
Por un momento se cansó de buscar respuestas, vio la enorme incertidumbre escondida detrás de sus ojos, vaciló en decisión e intención, sintió apertura y bloqueo, pero solo contemplaba ya con ojos secos, vacía.
Con furia se agarro de los pelos y se puso de pie a si misma, se abrazó llorando, se empujó hasta que ya no pudo verse, chocó, y al darse vuelta, se tenía mirándose sosegadamente.
Se fragmentó, y éstas partes continuaron haciéndolo, hasta que sólo quedó un polvo que se lo llevó la marea.
Supo que podía hacer lo que quisiera, pero tal voluntad, no estaba dentro, solo fuera.
Abrió su corazón y permeabilizó su blandura, pero en cuanto sucedió, vio el mundo fagocitarla y secarla en un instante.
Ya no quería la dureza pasada con la que arrasó campos enteros, se alejó agotada de tanto perigeo y apogeo, y esperó en lo que quería llamar la nada.
Cuando dormía sin recordar sueño alguno, amanecía con doble emoción, una placentera por la caricia de la no existencia y una opuesta que demandaba acción.
— ¡Hey! You've got a role to play, put your shit together — escuchaba del ego.
A veces con coraje y voluntad, pero son más las lluvias que los soles.
Entonces comenzó a recordar en aquella tempestad, como se sintieron aquellos soles luego de tanta tormenta, como le secaron por fuera e iluminaron por dentro, como la abrazaron y templaron antes de sumergirla nuevamente en aguas cada vez más turbias, para regalarle un nuevo sol más brillante.
Y en ese instante, con ambos ojos cerrados, llovió junto a la tormenta, y ésta se detuvo, y el cielo se despejó.
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